Era tarde cuando llegué a su casa. Me invitó a pasar, todavía no estaba lista. Habíamos quedado en concurrir juntas al estreno.
Mientras terminaba su delicado y siempre detallista maquillaje, me contó algunas anécdotas de su último rodaje.
La escuché atentamente hasta que mis ojos observaron algunos de sus cuadros, fotos de escenas de sus películas. Amores intensos, dulces besos, románticos protagonistas, pero entre todos, aquél era, sin lugar a dudas, el más atractivo. Ella, era la sensual dueña de un bar del suburbio, con sus brazos levantados quitándose la camisa. Él, un policía, con rostro de corrupto y adicto al alcohol.
No había visto esa película pero la foto insinuaba tanto que... ya había imaginado casi todo su argumento cuando ella irrumpió en la sala y majestuosamente invitó a retirarnos.
Durante el trayecto, me contó que la fotografía del cuadro que atrajo mi atención, era sólo la imagen de una publicidad de depilación. |